¡Est@ soy yo!

Hace unos días me dijiste que te sentías “bien” mientras tu rostro no podía disimular su cansancio y tu mirada carecía de brillo. A pesar de tu empeño por disimular hacia fuera y empujar hacia dentro lo que intenta salir de ti, tu sabes tu verdad, tú sabes que ese “bien” no se traduce en alegría y satisfacción. Reconoces que tienes mucho que celebrar, pero que hay algo en ti, algo en lo que piensas, sientes y haces, que no te está permitiendo disfrutar con plenitud de lo bueno que acontece, y que darte cuenta de ello, además, deriva en culpabilidad. Pero por aquí no, por aquí no te respetas, por aquí te olvidas.

Hazte el regalo continuo de respetarte y de hacer más lo que te pide el corazón. Sabes lo que es, lo sientes, notas eses malestar por no hacerlo a pesar de poder. Sientes ese cosquilleo, ese empuje que es tu valor diciéndote que no es por donde vas. Y no, tu corazón no te pide que estés a la altura de expectativas ajenas, ni que maquilles lo que sientes, ni que elijas en función de referencias externas… tu corazón sabe que ser uno mismo conlleva dificultad, pero que ese es el camino por el que quieres ir y la mejor forma para llegar a los demás, sean como sean. Ten por seguro que cuando intentas ser algo que no te nace ser, no te respetas. Cuando pones por delante el contentar y determinas el valor de tus actos según las reacciones ajenas, no te respetas. Cuando te das forma desde el miedo al que dirán o al rechazo, no te respetas.

No confundas bondad con complacencia ni cambies los “podría” por “tendría que”.

Que hacer el bien y ser bueno no hace mal. Si duele más que satisface, algo falla. No confundas bondad con complacencia ni cambies los “podría” por “tendría que”. Quiérete. Date forma desde el respeto y el amor, es decir, asegúrate de ser tú y no lo que crees que debes ser. Y desde ese amor, solo desde el amor, mejórate.

Deja de esperar a que los demás te quieran, confíen en ti o te valoren. Mientras tú no seas capaz de usar esos y otros verbos vitales contigo mism@, lo que venga de fuera te va a resultar insuficiente para sentirte bien. Tienes mucho dentro, muchos lo hemos visto brillar, pero sigues buscando lejos de ti ignorando esa luz, olvidándote. Por favor, deja que salga, permítete ser. Pero ser lo que tu deseas ser, no lo que otros crees que esperan de ti.

Deja de esperar a que venga de fuera lo que tiene que salir de dentro.

Lo que necesitas no está fuera, está en ti y solo tú, solamente tú, puede levantar la barrera de miedos, falta de confianza y reproches que te impide avanzar. Y, cuando lo hagas, te darás cuenta de que la visión de la realidad que te acontece cobra nitidez y, a pesar de sus pegas, de los prejuicios, de las críticas,… no duele tanto. No me creas, ¡compruébalo! Prueba a quererte, porque de verás, no va a venir de fuera lo que tiene que salir de dentro.

Hay cadenas que nunca te ataron, o que hace tiempo que están sueltas, pero eres tú quien se aferra a ellas pensando que no merece algo mejor o que no va a saber seguir adelante si no hace eso o no es de tal forma. Di adiós a los reproches y a la culpa, de lo hecho aprendizaje. El momento es ahora y es un momento estupendo para dar un paso al frente. Y por si lo hubieses olvidado, recuerda siempre que te tienes. Que tienes el derecho de ser tú y el deber de quererte, así, con tus imperfecciones, con tus virtudes y con todo lo que a día de hoy eres. Por lo que amarra tu fuerza, suelta los lastres, levántate y di bien claro:

¡Est@ soy yo!

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