Si lo quieres, haz que pase.

 “Llena tu mente de sueños y tu agenda de acciones para que le quede muy poco espacio a tus miedos”

Anónimo

Luchar por lo que uno siente es un gesto que requiere gran generosidad y valor. Valor por ser capaz de enfrentar los miedos, de superar tus propios límites y creer en tus sueños para crear una realidad acorde a ellos. Generosidad porque hacerlo es dar ejemplo y vivir la vida siendo sincero a uno mismo es dar un testimonio veraz que anima a otros a luchar.

Ver a alguien luchar por lo que siente es precioso.

No me digas que no, es maravilloso observar los movimientos de alguien que vive con intensidad y pasión. Amar la vida con mayúsculas; edificar sobre el amor; levantarse cada mañana dispuesto a ser mejor que ayer, a amar más que sí cabe y a crear su propia felicidad. Hay personas que lo hacen y eso les embellece, además de contagiar su entusiasmo y energía incitando a los demás al movimiento.  Se hacen admirar con su capacidad de poner bozales a sus miedos y el micrófono a sus sueños. Son una demostración de que ser responsable y auténtico no es incompatible, de que recorrer la vida con intensidad es pisar fuerte pero con la mesura necesaria para dejar huella y no dañar.

T.A. Edison tras crear uno de los mayores inventos de la historia, la bombilla, llegó a la increíble conclusión de que antes no había fracasado, sino que había descubierto 999 maneras de cómo no hacer una bombilla. Tenía varias opciones, pensar lo mucho que le había costado dar con ello -lamentarse y quitarse mérito- o aprender de la experiencia y celebrar su logro. Una misma realidad es susceptible de verse de muchas maneras. Cada día hacemos interpretaciones de lo que acontece, lo ideal es ejercitar una forma de pensar que construya, que genere una visión de la realidad adaptativa y optimista.

El modo con el que observas, analizas y sacas conclusiones sobre lo que pasa en tu vida, determina tus próximos pasos.

Tras un fallo, no es lo mismo creerse vencido que tomarlo sólo como un intento fallido que muestra un aprendizaje que te acerca más al objetivo. Puestos a pensar, que sea en positivo, no digo que haya que maquillar la realidad, sino fijarnos en los detalles que guardan esperanza, en los gestos que desprenden calor y en las acciones que dan luz.

Fallar es conocer una manera de no conseguirlo y por lo tanto volver a intentarlo descartando algunos caminos. Por ello, cada intento nos ayuda a rechazar opciones y a perfilar lo que queremos. Los intentos son borradores, son proceso no resultado. No te subestimes, no restes importancia a lo que haces. Todo lo que llevas a cabo cumple su función aunque a veces no sepas distinguirla. Nada de lo que realizas está de más, todo tiene efecto, por mínimo que resulte a veces. Si no consideras que tu papel en este mundo cumple su misión te impides vivir la vida a pleno corazón y además, corres más riesgo de rendirte ante cualquier revés.

Cada paso que das cuenta, cuenta tu historia.

Si no das crédito y otorgas mérito a tus acciones difícil te pones el ser constante en regar las semillas que vas sembrando en tu vida. No desesperes cuando lo que haces no tenga los efectos esperados, si ha de ser será y sino también, pero diferente, que no por ello malo. Aun así, déjame recordarte que nada cae en saco roto y que todo lo que haces tiene efecto, como mínimo, en ti. Lo que haces te hace como persona. Así que asegúrate de hacerte bien.

Valiente es quien no se queda con las ganas y lo intenta.

Atrévete a renunciar a la comodidad para sumergirte en el apasionante mundo de los retos. Recuerda que facilidad no es sinónimo de satisfacción y que algo te haga feliz no significa que vaya a ser fácil. Cuando elijas entre todas las opciones no lo hagas guiado por la comodidad si no por lo que deseas conseguir. Además, para el corazón no hay nada más incómodo que ir en contra de lo que siente.

Apuesta por lo que sientes, es mejor afrontar un intento fallido que padecer la sensación del ¿qué habría pasado?”. Elige un “me equivoqué” antes que un “tendría que haber”. Quedarse con las ganas no es un buen hábito ya que guarda rencores y genera excesiva melancolía. Salir de la zona de confort es permitirte crecer pero requiere valentía, y tú eres valiente, así que asume riesgos de manera responsable y haz que lo que quieres suceda.

Si quieres algo, haz que pase.

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