A ti que me ayudas a ser mejor persona, gracias.

 “Las personas olvidarán lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca olvidarán cómo las hiciste sentir.” 

Maya Angelou

Hoy me he propuesto contarte muchas cosas que se resumen en una palabra que de no expresarse de nada sirve. Siete letras con poder mágico que deberíamos decirnos más a menudo y que espero acorten distancias entre lo mucho que me das y lo que mucho que te debo. Ya lo sé… más que palabras acciones, pero empecemos por aquí: 

G-R-A-C-I-A-S, a ti, que llevas la palabra superación de apellido y un corazón enorme por nombre. Tú que incondicionalmente me invitas a hacerme bien y me has enseñado con tus actos que no hay prueba que no podamos afrontar, gracias por permitirme aprender de ti y convertir el problema en oportunidad. Tú que me recuerdas a diario que la felicidad es la suma de las alegrías que sentimos en el día a día, que me señalas caminos de crecimiento, ves el lado bueno de las cosas y compartes conmigo tu tiempo, gracias por hacer que mis llantos fluyan, que mis risas sean bien ruidosas y que nuestros abrazos confiesen verdades que no solemos pronunciar.

Gracias por recordarme con un “¿cómo estás?” que no podemos desatender el manantial de emociones que generamos y que a veces ignoramos poniendo nuestra atención en lo material.  Tú que recalcas lo importante que es atender las redes sociales, las que no necesitan de tecnología, las que es fundamental cuidar con un beso, un “¿qué tal?”, un perdón o una conversación mirada a mirada, GRACIAS.

Gracias por considerar lo que emergía de mi interior más allá de lo que mostrase mi fachada y por no aislarme de experiencias que a priori sin sentido estaban cumpliendo su función en mi vida. Tú que estás a mi lado, que has aguantado tirones conmigo, tolerado mis derrapes por confiarme y sopesado mis días de lluvia, gracias por mantener firme tu confianza en mí aun cuando temblando te decía que no podía más. Gracias por recordarme a diario que yo podía ser mi peor enemigo o mi mejor amigo, por empoderarme y enseñarme que el valor de una persona no se mide por el estado de su carcasa sino por la calidad y calidez de su interior. 

Gracias por echarme una mano en la limpieza de mi hogar en la que quité el polvo a mis sueños y recoloqué muebles de emociones que tras algunos terremotos todavía no habían vuelto a ubicarse. Gracias por enseñarme a abrazar mis virtudes, por sentarte a mi lado a contemplar experiencias, por darme la mano y brindar conmigo el más mínimo progreso. Gracias por ser luz en mi presente y enseñarme a enfocar mi vida a través de mis objetivos para así conseguir darle al futuro cierta nitidez.

Gracias por mostrarme que el amor es la mejor respuesta y encarnar la palabra resiliencia. Por tu voluntad inquebrantable, por las agallas con las que enfrentas la vida, por soltar lo prescindible y por -con todas las taras propias del ser humano- hacerte tan bien a pesar de la adversidad.

Gracias por darme aun cuando más te necesitabas, tú que anticipas obstáculos, que conviertes el problema en reto, que sabes que para querer bien no se puede uno olvidar de sí mismo y que se puede volar alto manteniendo los pies en la tierra. Porque ser responsable y auténtico no es incompatible y conocer la verdad y luchar contra pronóstico es hacerse invencible de corazón.

A ti, que me impulsas a ser mejor persona y me invitas a no alejarme de la palabra superación, GRACIAS. Te has ganado mi admiración y afecto sin pretenderlo, tal y como debe ser.

No importa lo que digamos, si actuamos con respeto y amor, terminaremos por llegar al corazón, y lo que prevalece es lo que ahí hace mella.

Es evidente que tu huella hace tiempo que quedó tatuada en el mío.❤

G-R-A-C-I-A-S

 

 

 

 

Imagen: Austin Call.

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