¿Qué es lo peor que puede pasar?

 

Que no se nos olvide dedicarle más vida al tiempo.

Eloy Cánovas

Hace un tiempo me prometí que no iba a permitir que ni la timidez ni el miedo determinaran mis pasos; que en mí había valentía y tenía que reflejarse en mi vida; que todo lo que proyectaba en mi futuro era inalcanzable para los miedos pero más que posible para las ganas de mi díada cabeza-corazón; que el camino lo iría construyendo a base de intentos realizados con determinación y que tatuándome un  “no hay nada que no pueda afrontar” podría siempre cargar con mi mochila y continuar el viaje solo con lo esencial. No fue un aprendizaje súbito, sino una progresión y cúmulo de ellos, de experiencias vividas llevando de copiloto a la disposición de ser cada día mejor.

¿Gobiernas tu vida?

Que inquietante resulta ver como el miedo carcome corazones y pone en escenarios inadecuados a personas de buen corazón. No es agradable observar como la falta de compromiso con uno mismo se traduce en falta de respeto hacia los demás y ahoga sueños en rutinas vacías que convierten a sus dueños en naúfragos en su propia vida. Entristece de veras la cantidad de veces que pisamos el freno cuando el camino es recto y está despejado y sin embargo como aceleramos ante un cruce de caminos para no decidir, para seguir “viviendo” sin más. Apena ver como los miedos y descendientes -como la inseguridad- se están haciendo con gran patrimonio de sueños, como se vende la satisfacción a lo fácil e inmediato. 

Debería ser un hábito.

Expresar lo que uno siente, piensa o desea. Hacer lo que uno siente, piensa o desea. Ser fiel a uno mismo. ¿Por qué sorprende? Seguro que alguna vez has provocado asombro al contar que le has dicho a tal persona que te gusta, cuando has plantado un no con todo tu derecho y en contra de lo esperado, cuando has rodeado a alguien con un abrazo “sin venir a cuento” o cuando explicas que no es que no te de vergüenza hacerlo sino que también te da ilusión, satisfacción y fuerza y que éstas son las que te gobiernan.

¿Cuanta vida regalas a tus miedos?

La vida no es un camino fácil, ni falta que hace, pero tampoco requiere la complicación que le añadimos. Lo que es higiénico para el alma humana nos extraña. ¿Cuántos abrazos no das por “qué pensará”? ¿Cuántos besos guardas para otro día? ¿Cuántas cosas no haces por si salen mal? ¿Por qué no dices lo que sientes? ¿Por qué no haces lo que quieres hacer? ¿Por qué no dices “basta ya” a los pensamientos que te limitan? ¿Por qué ignoras las emociones que funden tu potencial?  Déjalo, no busques razones, todo se reduce a una palabra: miedo.

¿Te gusta, es lo que quieres y no dañas a nadie? HAZLO. DILO. DA EL PASO.

“Es que no es fácil”

Dímelo si quieres, dime “es que decirlo es muy fácil”. Dímelo si te apetece pero hazlo. Créeme, sé que no es fácil y que desde estos textos te invito a exprimirte mucho, pero es que puedes, puedes y mereces hacerlo. Mereces comprobar de lo que eres capaz cuando llevas de copiloto a la valentía e invitas a los miedos a quedarse en el camino.

Dime que “es que no es fácil” pero hazlo. Lo que esté en tu mano hacer hazlo para no cargar con el lastre del “podría/debería/tendría que haber…” y sí inyectarte la grandeza del “lo intenté y _____”. No te quedes con la duda, atrévete para encontrar la respuesta. Ya, ya sé que no son agradables algunos efectos secundarios de un intento fallido pero peores son los de quedarse con las ganas.

¡Que somos humanos, que tenemos derecho a ensayar y errar! Pero así andamos…no aprovechando la oportunidad.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

¿Que diga que no, que se enfade, que le resulte indiferente,…? ¿Y qué? Su respuesta le define a él, no a ti. A ti te definen tus acciones. ¿Que no lo consigas, que no se cumplan tus previsiones, que…? ¿Y qué? Lo peor que puede pasar es que aprendas y te hagas más fuerte. Si no (te) faltas al respeto tienes derecho a seguir con tus planes, a recorrer tu vida de la forma que tu elijas y no cómo otros hayan planeado que lo hagas. Recuerda que las reacciones de los demás no son siempre proporcionales a la dignidad de tu argumento, no te dejes condicionar por ellas.

Luchar siempre es la respuesta y quedarse con las ganas no es un buen hábito.

Hazlo

¿Quieres saber como está? ¿No quieres eso? ¿Quieres dedicarte a aquello? ¡ESCRÍBELE! ¡DÍSELO! ¡LÚCHALO! Las posibilidades de ridículo y fracaso ya las has sopesado, ahora toca pensar y crear las probabilidades de que sea que sí. ¿Te imaginas?

Demuéstrate que eres más que capaz de dar respuesta a tus sueños, de cerrar círculos de dudas y de mirar de cara a la incertidumbre.  Que puedas decir “lo que estaba en mi mano hacer hecho está y lo demás ya se verá…”.  Que si hay incertidumbre que no sea porque no sueltas tus miedos sino porque hay más preguntas que respuestas a tu alcance.

Te podrás poner en los peores escenarios pero ¿qué es lo mejor que te puede pasar? Ni te lo imaginas.