Sal a tu encuentro.

Aquí ando con tu corazón en mi mano. Quería tomar la máxima conciencia de cómo te sientes y a qué conclusiones puedes estar llegando. Mi corazón siente y padece contigo, quiere hablarte poco y arroparte mucho, pues sabe que lo más efectivo es abrazarte, con mis brazos, con mi compañía.

Cuentan tus ojos que estás triste, muy triste. Que tu alma se siente desasosegada, agobiada y falta de esperanza. No te asustes si te sientes como quien vive sonámbulo o si a día de hoy tus pasos perciben el mundo como inseguro, incierto e irreal. La realidad es tan cruda a veces que hasta que la cocinamos y está lista para digerir (en contra de nuestra voluntad), puede llevarnos mucho tiempo y traernos mucho sufrimiento.

Tus oídos se taponan con incredulidad ante el discurso que ahora te da la vida. Y no es para menos, pero saldrás adelante. Tu sonrisa te ha sido arrancada de cuajo y este dolor no es comparable a ningún otro. Es tuyo, es tu historia, es tu vida. Hay amor y volverá a haber esperanza. Sé que es difícil verlo ahora, pero cuando el terreno es bueno y aunque el rastrillo se haya llevado lo que no debía, volverá a dar el fruto que acostumbraba a dar. Costará tiempo, involucrarás mucho valor y nunca volverás a ser quien fuiste, porque esto te hará más fuerte.

Tu boca dice que deberías, tendrías y podrías haber estado o hecho. Tu conciencia debate y tu corazón late a su compás pero a un ritmo incierto. ¡Que mezcla de emociones, que lío de pensamientos, que de cosas que ya no serán! Frena tu exigencia y lee bien lo siguiente: NO TIENES LA CULPA. Si alguna vez fallaste fue por tu vulnerabilidad humana pero no porque tuvieses mala intención. Si actuaste con amor no tienes nada que reprocharte. Sea como sea, perdónate por favor. Tú no puedes controlar lo que digan o hagan los demás, puedes ser ejemplo, colchón, válvula y lugar de comprensión, pero el entrenador no es quien sale al campo. Tu sufrimiento no es merecido ni elegido y hasta que no te convenzas de esto no te liberarás de él.

Tu cuerpo denota cansancio, tus músculos bailan al son de la apatía pero créeme, conforme avances en tu recorrido irás saliendo fortalecido. darás los pasos con una contundencia diferente, más consciente. Quizás te parezca imposible volver a sentir alegría, volver a sonreír constantemente como hacías antes o a brindar en una celebración cualquiera. Lo harás. Ahora tu alma pide llorar, exige cuidados intensivos para que esa herida tan honda vaya suturando y finalmente cicatrizando. Llora, grita, haz tronar todo ese dolor. Ahora es el momento. Tómate tu tiempo. Invierte en ti. Respira hondo y rodéate de los precisos. De los que te abrazan y dividen tu angustia, esas personas que te miran y te sientes comprendida, que no dejan de pensar cómo ayudarte para diluir tu pena.

Solo quería recordarte que no estás solo, que ahí, en algún punto de alguna cafetería, de alguna casa, de alguna consulta, en varios puntos de muchas calles, en variopintos lugares, hay alguien sintiéndose como tú y hay otros muchos que no habiendo vivido en sus carnes tu sufrimiento, te llevan en sus pensamientos convencidos de que eso te dará fuerza. Únete a ellos en alma. No te dará la oportunidad de rebobinar tu vida, pero sí de encontrar sosiego.

Hay muchas personas queriéndote ayudar. A veces no saben como acercarse a ti, cuando hablarte o cuando no, no porque no quieran, sino porque hay situaciones para las que no nos entrenamos y cuando nos sorprenden, nos asaltan las dudas sobre cómo actuar, sobre lo que está bien y mal. Acércate a ellas, si necesitas un abrazo pídelo, si precisas hablar díselo. Comparte tu angustia. Repítete, pregunta lo mismo si necesitas volver a oir la respuesta. Ellas sabrán como ayudarte. Sal al encuentro de quienes te transmiten paz, ahí encontrarás mucha de esa templanza que necesitas para ganar terreno al dolor.

Tu corazón comenta que se desespera buscando los pedazos perdidos en esta explosión de desánimo. Déjame recordarte lo fuerte y capaz que eres, deja que busque contigo. Mójame con lágrimas o pregúntame aunque sepas que no tengo respuesta. Dividamos juntos el dolor.

La apatía no se irá de golpe, la tristeza irá contigo mucho tiempo, interrogarás al mundo sin consuelo y evitarás lugares y personas que te traigan recuerdos, pero si sales al encuentro de esas personas que te abrazan y sobre todo de ti, el amor saldrá a tu rescate. Tu alma acostumbrada hasta ayer a bailar en alegría irá ganando terreno a este sinsabor de la vida, pero es preciso que salgas a tu encuentro.

Prométemete que te querrás cada día de tu vida, que no te culparás por lo ocurrido y que de esta dura experiencia vas a salir fortalecido.

Nadie lo hará por ti.

Vales, puedes y encontrarás como hacerlo.

Sin porqués. Con para qués.

Sal a tu encuentro. Te necesitas.

 

Foto: unsplash.com

 

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