El arte de las emociones.

La confianza, como el arte,

Nos decepcionan. A veces las cosas no salen como teníamos previsto. Se rompe nuestra burbuja y descubrimos una realidad desconocida hasta ahora. Nos encontramos piedras, no siempre las vemos a tiempo, tropezamos. Nos dejan personas, se acercan otras para desordenar nuestra vida pero también llegan ángeles en vida. Nos clavan espadas, espadines y cuchillos, la envidia y el rencor son muy descarados. Hay quien intenta instaurar el miedo en nuestra rutina. Nos encasillan, nos limitan los pasos, nos decepcionan. A la mente le da por jugar al “que te lo crees tú”, “no lo conseguirás”,“no puedo más”. El cansancio se acumula y hace mella en el cuerpo, de ahí a la mente y empieza el “tira y afloja” con el corazón. La tensión se acrecienta.

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Imagen de Ryan McGuire

¿Y ahora qué? ¿Quien lo destensa? ¿Cómo hacer entrar en razón al corazón y hacerle sentir a la mente? ¿Cómo reubicarnos? ¿Cómo enrollar bien el ovillo tras haber jugado con él hasta enredarlo? Poca teoría hemos recibido en la escuela sobre esto. Pocos profesores nos han enseñado directamente a destensar. Se nos ha educado en números, letras, orientación espacial,… se ha potenciado y exprimido la inteligencia lógica, pero ¿y la emocional? ¿Y la intuitiva? ¿cómo se equilibran las emociones? ¿Quién educa al corazón? Parece que se asuma que éste sólo aprenda a base de golpes, como si no necesitase ejercitarse al igual que la mente.

En un mundo occidental donde cada vez son más las comodidades, encontramos que los trastornos emocionales y mentales van en aumento, y para más inri, no se palían del modo más eficiente a pesar de haber medios.

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Fuente: pexels

Las emociones nos acompañan 24 horas al día llamando más que menos nuestra atención con su orden desordenado, dejándonos a veces raras sensaciones y sellando son un “+” grandes momentos. Toda una vida con nosotros y aun así parecemos desconocerlas. Aun así, a veces nos cuesta reconocer lo que sentimos.

¿Quien tiene los mapas para salir de los laberintos en los que se mete nuestra mente? ¿Donde se puede adquirir el manual de instrucciones a seguir para arreglar al corazón tras los desaguisados de la vida? ¿En que gimnasio hay clases de baile bajo la lluvia? Nadie, en ningún sitio, no existen. Todo eso debes fabricarlo dentro de ti. Tienes la fortuna de que el entorno y la experiencia, te dan pistas y ejemplos de cómo guiarte cuando pisas terreno desconcertante. La gestión de las emociones no es una ciencia exacta. No requiere estudiar y memorizar, requiere tomar consciencia-entrenar-actuar-autoevaluar, consciencia-entrenar-actuar-autoevaluar, y así todos los días. Lo bueno de este deporte es que hay partidos a todas horas del día, así que por oportunidades de mejora no será.

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Imagen de Olichel

Lo anterior no quiere decir aprender a manejar las emociones a base de ensayo-error. Para practicar bien un deporte es conveniente conocer antes sus reglas, aprender estrategias e ir mejorándolas y adaptándolas en base a la experiencia. Ensaya y falla, pero aprende y rectifica. Es una cuestión de eficiencia, de no quedarte donde no se te enseña, de decir basta a lo que no te reta sin sentirte un monstruo, de avanzar educado al ritmo adecuado.

Al corazón hay que cuidarlo. ¿No reposas la pierna cuando te haces un esguince? Pues el corazón sufre constantes achaques y necesita también sus cuidados. Eso significa escucharlo cuando parece que el viento sopla en contra, reconocer lo que siente, tener paciencia cuando se siente frustrado, marcarle límites cuando está enajenado, enseñarle a decir no sin sentirte mal, darle tiempo para aceptar que hay cosas que no volverán, exponer su punto de vista sin arrasar con nadie, dosificar sus explicaciones, entrenarlo para no ser tan vulnerable… En definitiva, consiste en cuidar nuestra salud emocional tanto como nuestra salud física. Antoine de Saint-Exupéry dijo en el Principito: “solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”.  Por muy bonitos que tengas los ojos, si tu corazón no está sano, tu visión se emborrona y tu mirada pierde brillo.

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Imagen de A. Werdan

Cada experiencia es un partido en el deporte llamado vivir. No esperes a perder para reaccionar. Tienes en tu vida muchos elementos que forman parte del gimnasio anímico. Recuerda que el corazón es un músculo y es importante fortalecerlo.  Si te cruzas de brazos que sea para practicar kárate, sino es probable que recibas golpes evitables.

El mayor ejercitador emocional está dentro de ti, pero necesita entrenarse para rendir al máximo cuando alguien le declare la guerra, para controlar la adicción a la pena o maximizar los momentos de alegría. Tienes entrenadores a tu disposición. Que no te avergüence reconocer que recurres a ellos para entrenarte a nivel psicológico. A todos nos vendrían bien unas clases de artes emocionales y sociales. Solemos decir eso de “siempre se puede mejorar” pero a la hora de la verdad nos conformamos.

La práctica no te asegura el éxito, pero sí mayor probabilidad de una defensa óptima.
Micah Hallahan
Imagen de Micah Hallahan

Por otro lado, la familia, los amigos, las personas extraordinarias …, nuestro entorno y nuestros recuerdos son nuestro principal referente emocional. Son nuestros modelos favoritos en la pasarela anímica.  De ellos copiamos, extraemos y versionamos actitudes y estragias de afrontamiento. Ellos nos inspiran. Son nuestros profesores de las artes emocionales. Cuando nos sentimos perdidos nos preguntamos qué haría esa persona significativa en nuestro lugar. Nos imaginamos qué es lo que ella podría decir. Y eso está muy bien, pero no es suficiente ya que no consiste en versionar al otro, sino en ser capaz de ser la mejor versión de uno mismo. No se trata de plagiar sino de crear inspirados por lo que percibimos, pensamos y sentimos.

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Fuente: Pixabay

No necesitamos libros de texto para las emociones, necesitamos tomar conciencia, aprender pautas, desarrollar habilidades, observar modelos adecuados y mucha práctica positiva. Somos pozos enormes de ingenio y buenas dotes. Dejemos que el niño cree y que el adulto se reinvente. Fomentemos la creatividad y la inteligencia emocional en las aulas y puestos de trabajo. Son muy agradecidas y mejoran la productividad a parte de la personalidad.

Haz de tu personalidad tu propia obra dfirma de la mirada de tu sonrisae arte. 

 

 

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