Falta voluntad y sobran excusas.

Trabaja en algo que te apasione y nunca más tendrás que trabajar.

Confuncio

Ante una sociedad llena de oportunidades y recursos, muchos seres humanos responden con conformismo y pasividad. Nos acobardamos ante el mínimo revés y exigimos lo que no hemos luchado. Edificar la vida sobre la comodidad, alejada de la pasión y los retos nos impide evolucionar y vivir con libertad. Confundimos facilidad con probabilidades de éxito, cuando no hay éxito mayor que el actuar conforme a nuestros principios, valores y metas, claro que esto, requiere valentía y esfuerzo. Si te columpias con los miedos y tiendes a evitar obstáculos jamás sabrás de cuanto eres capaz.

Dale valor a tus ideas.

Sigo encontrándome con personas que reconocen sin tapujos que eligieron cierta formación académica por la posibilidad de recompensa material futura y/o la proyección que dicho título tiene en el mundo de los estereotipos. Es una pena. Entristece hacer oídos sordos a lo que se cocina dentro de nosotros, dejar que decida el mundo y olvidarnos de nuestras inquietudes.

No hay falta de oportunidades ni de ideas, hay falta de valentía, de agallas para mirar de cara a la incertidumbre y decirle: “aquí estoy yo con mi corazón preparado para darte nitidez”. No hay falta de recursos, hay exceso de excusas. Hay defecto de compromiso con nuestros proyectos, de responsabilidad con uno mismo. Ser valiente supone alejarte de ciertas personas, sentarte a trazar un plan que una tu realidad con las metas que quieres disfrutar. Sé leal a tus sueños y si tienes una idea desarróllala, nadie lo hará por ti. La sociedad pondrá más o menos medios en tu contra, pero siempre siempre hay algo a favor, localízalo y úsalo como empuje.  Se necesitan más personas dispuestas a dar un portazo a empleos ingratos, a situaciones injustas, a personas tóxicas… Regala decisiones a las dudas y arriesga a cambio de poder aumentar las posibilidades de que otras puertas se abran y el mundo mejore.

Al sumergirnos en el mundo de los intentos descubrimos la felicidad que nos regalan los retos.

Os confesaré que hace poco renuncié a el empleo que tenía para poder dedicar más tiempo a otros proyectos que llevo entre manos pero que todavía están en construcción. Tras tiempo de aprendizaje tanto profesional como personal, había llegado al punto cumbre en ese puesto y mi voluntad me pedía más, la necesidad de evolucionar me reclamaba y mi pasión necesitaba seguir apuntando al blanco de mis sueños. En resumen, no estaba dispuesta a perder el ritmo a mi vida. Sé que no es fácil renunciar al confort que aportan un sueldo y horario estable, cada uno tiene que ser consciente de sus circunstancias y asumir las responsabilidades oportunas pero aún así, siempre hay margen para luchar por lo que nos gusta, para no olvidarnos y hacer que las cosas que deseamos pasen. Quedarse con el “culo al aire” no da miedo cuando sabes que te cubren un corazón lleno de ganas y una mente con proyectos. ¿Acaso hay algo más bonito que crear, qué llegar a conseguir algo con la certeza de que eres totalmente merecedor de ello?

Tu persona, tu tiempo y tus pasiones no tienen precio. Por favor, como dijo Bob Marley: “que el dinero no compre la vida”. No te vendas, el dinero es un medio, no un fin. Los sueños se financian con ilusión. Pasión y trabajo pueden ser buenos amigos, pero eres tú quien tiene que presentar el uno al otro. Reflexiona qué/quien es importante para ti y el tiempo que le dedicas, toma consciencia de los recursos que hay a tu alcance, márcate objetivos y actúa. Se necesita más gente dispuesta a jugársela por lo que siente y quiere, más personas que luchen por trabajar de lo que aman, que no se guíen por lo establecido, que rompan moldes y vivan con pasión.

Mide el nivel de entusiasmo que hay en tu vida.

Si sientes que tu ilusión va en decadencia toma medidas, sola no va a crecer. El entusiasmo tiende a irse de las personas que dedican su tiempo a cosas que les resultan insípidas y que marchitan su motivación. Por ello te animo a que tengas el empleo que tengas, no olvides cuales son tus metas en la vida y no dejes de esforzarte por conseguirlas. Luego pasará lo que tenga que pasar, pero tú tendrás la certeza de que lo intentaste. Tener un empleo “estable” no debe ser una excusa para relajarnos, dejar de exigirnos y generar ideas. Cada experiencia es un lugar de aprendizaje y de progreso, y no un motivo para acomodarnos, y en definitiva, estar en lugar de ser.

Hay que estar siempre en plena disposición de aprender y crecer. Conocer los detalles que marcan la diferencia entre estar y ser. No acomodarse. Saber distinguir si el confort que hay en tu vida es por estar haciendo lo que te apasiona o por estar actuando sin apenas esfuerzo. Esta segunda comodidad le da pavor al entusiasmo, adormece la motivación, encarcela la creatividad y no genera satisfacción. Levántate cada día dispuesto a evolucionar y crear tu felicidad. No esperes a lamentar en el futuro lo que no avanzaste hoy. No cedas ante la comodidad y, por favor, haz que pase.

La voluntad genera oportunidades y tumba excusas.

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